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Entre el "despide a la multitud" y el "traédmelos": Ceuta y la caridad inteligente




Hace dos mil años, tras la muerte de Juan el Bautista, Jesús buscaba un respiro. Lo que encontró fue una multitud. Al ver a miles de personas en un lugar apartado, sus discípulos reaccionaron con lo que hoy llamaríamos "gestión de recursos": "Es tarde, estamos en despoblado; despide a la multitud para que se vayan a las aldeas y se compren de comer".


Esa reacción de los discípulos —esa necesidad de quitarse el problema de encima— es, salvando las distancias, el espejo de nuestra política actual ante la crisis de Ceuta. "Despide a la multitud". Que se vayan, que se dispersen, que el problema desaparezca de nuestra vista y de nuestra responsabilidad.


Sin embargo, lo que hemos visto en Ceuta no es una crisis migratoria al uso; es algo más complejo y, sobre todo, más oscuro. Estamos ante lo que los expertos llaman un ataque híbrido. La entrada masiva de miles de personas no fue un éxodo espontáneo, sino una operación de presión diplomática diseñada para desestabilizar.


Un tablero de ajedrez, no una crisis


Detrás del drama humano —y de esas vidas que el Mediterráneo se ha tragado injustamente— hay un juego frío. La inmigración, convertida en arma de guerra, no es algo nuevo, pero la escala de lo ocurrido en Ceuta marca un punto de inflexión. Se ha utilizado a miles de personas como rehenes para presionar a España, usando la desesperación como moneda de cambio para obtener réditos geopolíticos. El objetivo no es humanitario; es político: poner a prueba nuestra cohesión interna y forzar cambios en nuestra política exterior.


La respuesta de Jesús: ni cinismo ni ingenuidad


Ante este panorama, la tentación es doble: caer en la indiferencia cínica del "que se apañen ellos" o refugiarse en una ingenuidad que ignora la realidad. Pero Jesús nos propone una tercera vía: "No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer".


Su respuesta no es abrir las fronteras sin ley, ni tampoco endurecer el corazón hasta la inhumanidad. Es una invitación a la responsabilidad activa:

  • Mirar el problema de frente: Jesús no ignora que tienen "cinco panes y dos peces". No fantasea con que el problema no existe. La solución empieza por mirar la realidad —incluso cuando hablamos de ataques híbridos— sin perder la calma y, sobre todo, sin perder la humanidad.
  • Las personas no son peones: La caridad no puede permitir que tratemos a los migrantes como piezas de ajedrez, ni siquiera cuando otros lo hacen. Es posible proteger nuestra integridad territorial con firmeza, pero sin dejar de ver en el rostro de quien llega a una criatura de Dios. La seguridad no tiene por qué estar reñida con la dignidad.
  • "Traédmelos": El milagro no ocurre por arte de magia, sino cuando ponemos lo poco que tenemos —nuestros "exiguos recursos"— en manos del Señor. En Ceuta, esto exige una caridad inteligente: fortalecer nuestras defensas, exigir respeto a nuestra soberanía y denunciar las manipulaciones externas, pero también trabajar en políticas que ofrezcan cauces legales. No podemos permitir que la desesperación de unos pocos siga siendo el combustible estratégico de otros.

Jesús multiplicó los panes no para generar dependencia, sino para saciar una necesidad real. Nuestra tarea es construir una política de Estado que no necesite "despedir a la multitud" por egoísmo, sino que sepa gestionar la frontera con firmeza, justicia y, sobre todo, sin perder el alma.


El Señor nos sigue diciendo: "Dadles vosotros de comer". Y eso empieza por dejar de delegar nuestra responsabilidad en el cinismo o en la indiferencia.


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