¿Alguna vez nos hemos detenido a pensar si estamos enseñando a nuestros alumnos a pensar por sí mismos o solo a repetir respuestas? ¿Es posible educar en la fe sin renunciar al rigor de la ciencia y la lógica? ¿Cómo podemos transmitir a las nuevas generaciones que la inteligencia es, en sí misma, una forma de orar? A menudo, en el ajetreo diario de la dirección y la docencia, entre planificaciones y normativas, corremos el riesgo de olvidar la esencia de nuestra misión. Hoy, al recordar a Santo Tomás de Aquino, patrón de nuestras escuelas y universidades, quiero invitaros a hacer una pausa. No para mirar una estatua, sino para recuperar un modelo de vida que, tras cuarenta años de camino educativo, sigo sintiendo más necesario que nunca. Ideas para el camino (Desarrollo) Santo Tomás no fue un intelectual encerrado en una torre de marfil; fue un buscador incansable que encontró la coherencia. En una época donde parecía que había que elegir entre ser creyente o ser filósofo, él...