Hay momentos en la trayectoria de un pueblo donde la alegría deja de ser un acontecimiento pasajero para convertirse en una huella imborrable en el alma. Para quien ha tenido el honor de vivir las fiestas patronales desde su corazón pulsante, el tiempo no borra los recuerdos; los transforma en un refugio de luz. Escribir estas líneas nace de una profunda ilusión personal: la de volver la vista atrás hacia 1987, aquel año inolvidable en el que tuve el privilegio de presidir la Asociación de Peñas Verge del Sofratge de Benidorm. Recordar no es simplemente hacer un ejercicio de nostalgia, sino revivir la emoción de una entrega colectiva que marcó a toda una generación. La jubilación como tiempo de cosecha y gratitud Desde la perspectiva de la psicología positiva, la entrada en la etapa de la jubilación no representa una retirada, sino una dorada oportunidad para la contemplación consciente y el saboreo (savoring) de la propia historia vital. En este nuevo capítulo del camino, rescat...