A veces, al leer el Evangelio, nos encontramos con pasajes que parecen una normativa fría o una lista de tareas: "Si tu hermano peca, ve y repréndele...". Sin embargo, si nos detenemos un momento y dejamos que estas palabras resuenen en nuestra realidad diaria —en la mesa de la cocina, en la rutina de las tareas domésticas o en el cansancio del final del día—, descubrimos que lo que Jesús nos propone no es una lección de autoridad, sino una escuela de amor . La corrección fraterna en familia es, probablemente, una de las asignaturas más difíciles y, a la vez, más necesarias. Si vamos a corregir para imponer nuestra razón, mejor no ir. Vamos para "ganar al hermano". La corrección en el día a día familiar: algunos ejemplos Corregir no es juzgar. Corregir es, literalmente, "poner en línea recta" algo que se ha torcido, pero siempre con el objetivo de devolver la paz. ¿Cómo se ve esto en la práctica? Con el cónyuge (La regla del "a solas...