A menudo medimos nuestro éxito, y nuestra seguridad, por la acumulación: más proyectos cerrados, más facturación en el balance anual, más presencia en el mercado. Sin embargo, el Evangelio de hoy (Lc 12, 13-21) nos confronta con una realidad incómoda a través de la parábola del rico insensato. El hombre de la parábola, al ver sus campos dar mucho fruto, su única respuesta es "demoler sus graneros para edificar otros más grandes". Su vida se reduce a una ecuación de almacenamiento. Se dice a sí mismo: "Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea" . Pero la tragedia no es la cosecha, ni siquiera el ahorro; la tragedia es la ilusión de que esos bienes pueden comprar el tiempo o el sentido de su propia existencia. Dios le llama "necio" no porque fuera trabajador o precavido, sino porque cometió el error fundamental de confundir el tener con el ser . Creía que su seguridad dependía de lo que ocupaba espacio en ...