Hace dos mil años, tras la muerte de Juan el Bautista, Jesús buscaba un respiro. Lo que encontró fue una multitud. Al ver a miles de personas en un lugar apartado, sus discípulos reaccionaron con lo que hoy llamaríamos "gestión de recursos": "Es tarde, estamos en despoblado; despide a la multitud para que se vayan a las aldeas y se compren de comer". Esa reacción de los discípulos —esa necesidad de quitarse el problema de encima— es, salvando las distancias, el espejo de nuestra política actual ante la crisis de Ceuta. "Despide a la multitud". Que se vayan, que se dispersen, que el problema desaparezca de nuestra vista y de nuestra responsabilidad. Sin embargo, lo que hemos visto en Ceuta no es una crisis migratoria al uso; es algo más complejo y, sobre todo, más oscuro. Estamos ante lo que los expertos llaman un ataque híbrido . La entrada masiva de miles de personas no fue un éxodo espontáneo, sino una operación de presión diplomática diseñada para...