“¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo?” (Mt 7, 3) En el día a día de una empresa familiar, donde lo profesional y lo afectivo se entrelazan de forma inseparable, el juicio es, paradójicamente, una herramienta cotidiana. Evaluamos rendimientos, corregimos errores y tomamos decisiones. Sin embargo, el Evangelio de hoy nos lanza una advertencia que, aplicada al terreno de la empresa, cobra un matiz crítico: la diferencia entre la corrección constructiva y el juicio destructivo . En la empresa familiar, a menudo confundimos estas dos realidades. Corregimos al hermano o al hijo por un error de gestión, pero, ¿lo hacemos con ánimo de “remedio” o con ánimo de “venganza”? ¿Estamos mirando la brizna del otro mientras nuestra propia viga —nuestro orgullo, nuestra falta de escucha, nuestro deseo de control— nubla nuestra visión?La corrección como medicina, no como arma San Juan Crisóstomo nos regala una clave fundamental ...