Introducción: El eterno hoy de la Navidad El Evangelio de hoy nos traslada al templo de Jerusalén, no solo para presenciar la presentación de un niño, sino para encontrarnos con un anciano profeta llamado Simeón. En ese breve e íntimo encuentro, la Ley se cumple y el Espíritu Santo revela la verdadera identidad del Salvador. Las palabras de Simeón no son un epílogo de la Antigua Alianza, sino una hoja de ruta para la vida cristiana. De este pasaje, y de la profunda reflexión que lo acompaña, podemos extraer tres lecciones prácticas y urgentes para aplicar en nuestro día a día. 1. El GPS de la Fe: Jesús es el centro y el fin Simeón, un hombre justo y piadoso, había esperado toda su vida la "consolación de Israel". Al tomar al Niño en sus brazos, suelta el famoso "Nunc dimittis": "Ahora, Señor, puedes (...) dejar que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvación". La enseñanza aquí es clara: Jesús no es un complemento, ni un ca...