A partir de la contemplación de este pasaje y su comentario, destilamos tres enseñanzas esenciales y las llevamos al terreno de nuestra realidad familiar y educativa.
1. La Enseñanza de la Elección Incondicional
"Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso." Esta es la verdad fundacional: nuestra existencia no es casualidad, sino el resultado de un amor y una elección gratuita que nos destina a la santidad. El desafío es descubrir el "por qué" íntimo de nuestra vida.
- Aplicación en el Hogar:
- Fomentar la Identidad: Cada hijo, cada cónyuge, es un llamado único. En casa, la aplicación práctica es simple: ayudar a cada miembro a sentirse visto, valorado y amado incondicionalmente. No se trata de cumplir expectativas, sino de responder a una llamada personal. El hogar debe ser el primer lugar donde se experimenta la "alegría, recia, constante" de saberse elegido y decir libremente "sí" a Dios.
- Descubrimiento del Don: Cultivar las virtudes y talentos propios, entendiéndolos no como logros, sino como herramientas para vivir la vocación.
- Aplicación en el Colegio:
- Educación Personalizada: Un buen colegio no produce alumnos en serie, sino que respeta y potencia la vocación particular de cada uno. Se trata de inspirar a los jóvenes a buscar ese "papel" que tienen en la redención, aquel que les da su plena identidad.
- Cultura de la Esperanza: Transmitir que cada profesión y cada estado de vida es digno y una vía para la santidad, si se vive con la conciencia de haber sido llamado.
2. La Enseñanza de la Presencia y la Santidad
Los Doce fueron instituidos, en primer lugar, "para que estuvieran con Él." La vocación no es un trabajo, sino una relación. El núcleo de la vida cristiana es la intimidad con Cristo, que se traduce en una "lucha personal" diaria por alcanzar la plenitud de la vida cristiana y la caridad.
- Aplicación en el Hogar:
- Ritmos de Oración: Crear espacios sagrados en el día a día. El ejemplo de los padres en el cultivo de la vida interior a través de la oración y los sacramentos es la aplicación práctica más efectiva. Una familia que reza unida está reconociendo que su "lucha personal" se sostiene en la Presencia.
- Santidad en lo Pequeño: Ver en el servicio doméstico, el orden y la paciencia, las vías concretas para la perfección. La "lucha personal" es en el detalle, en la caridad con el prójimo más cercano.
- Aplicación en el Colegio:
- Formación Integral: El colegio debe ser un entorno que motive a la coherencia de vida. La formación no es solo académica, sino espiritual. Esto implica educar en la necesidad de la gracia, los sacramentos y la vida de piedad, como sustento para la tarea.
- Ambiente de Piedad: La presencia de un sagrario, la capilla abierta, el silencio en ciertos momentos, son recordatorios palpables de que el objetivo final de nuestra tarea es "estar con Él".
3. La Enseñanza de la Misión Apostólica
Jesús los envía "a predicar con poder." Una vez que se ha estado con Él y se ha aceptado la llamada, el bien es inherentemente comunicativo: “El bien siempre tiende a comunicarse.” La santidad culmina en el envío, en el llevar a Cristo a los demás con la urgencia que inspira el amor: “El amor de Cristo nos apremia.”
- Aplicación en el Hogar:
- Apostolado Familiar: El testimonio de una familia que se ama, que supera las dificultades con fe y que tiene las puertas abiertas, es el primer y más poderoso apostolado. La santidad doméstica eleva el nivel de vida humano en el entorno inmediato.
- Salida y Servicio: Enseñar a los hijos a mirar fuera de sí mismos, a ser solidarios con el que sufre y a llevar la alegría de su fe a sus amigos y vecinos.
- Aplicación en el Colegio:
- Formación de Líderes: El objetivo es que los alumnos, al terminar su formación, sientan la urgencia de la misión y el compromiso de transformar la sociedad desde sus respectivos campos de acción.
- Proyección Social: Organizar y promover actividades de servicio que permitan a los jóvenes experimentar la alegría de llevar a Cristo (y la caridad que Él inspira) a los más necesitados, entendiendo que esta es la culminación lógica de su vocación.
En resumen, la vocación es un eco constante de la elección de Dios. Se vive en la intimidad con Él y se desborda en una misión apostólica que humaniza y santifica nuestro mundo, desde el rincón más pequeño de nuestro hogar hasta el aula más concurrida del colegio.
Juanjo Fuster
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