Después de cuatro décadas recorriendo pasillos, aulas y despachos de dirección, sigo convencido de que el corazón de nuestra labor educativa no está solo en la instrucción académica, sino en el encuentro personal. La tutoría, esa entrevista "tú a tú" con la familia y el alumno, es el momento privilegiado donde la escuela se hace verdaderamente humana.
Hoy quiero compartir con vosotros una estructura sencilla pero profunda para abordar estas conversaciones, basada en el respeto al momento vital de cada chico y chica. Porque no es lo mismo hablar de un niño de 7 años, que vive un momento dorado de equilibrio, que de un adolescente de 15 en plena búsqueda de identidad.
Para que una entrevista sea auténtica y dé frutos, os propongo seguir este itinerario, que busca siempre la coherencia entre lo que el alumno es y lo que puede llegar a ser:
1. Comprender el "Momento Vital" (Periodos Sensitivos)
Antes de plantear cualquier exigencia, debemos detenernos a mirar. ¿En qué momento evolutivo se encuentra este alumno?
Como educadores, sabemos que existen periodos sensitivos. Son ventanas de oportunidad únicas que debemos aprovechar.
* Si estamos ante los 7 u 8 años, quizá sea el momento de asentar hábitos y virtudes básicas.
* Si hablamos de los 15 a 17 años, el enfoque cambia hacia la gestión de la libertad y las grandes decisiones vitales.
Sin comprensión, no hay empatía; y sin empatía, la exigencia hiere en lugar de curar.
2. La mirada apreciativa: Puntos fuertes y débiles
En mis años de experiencia he aprendido que es un error empezar señalando solo lo que falta. Para ser justos y amables, debemos poner sobre la mesa primero los puntos fuertes más comunes de su edad y carácter.
* ¿Es generoso? ¿Tiene iniciativa? ¿Es noble?
Solo desde el reconocimiento de lo bueno podemos abordar con esperanza los puntos débiles. No como una lista de "fracasos", sino como áreas de mejora naturales propias de su edad. Un niño de 9 años tendrá fragilidades muy distintas a uno de 13; normalizarlas ayuda a los padres a no angustiarse y a ocuparse con serenidad.
3. El diálogo: Preguntas poderosas
Una entrevista no es un monólogo del maestro. Es un encuentro. Por eso, sugiero preparar posibles cuestiones a plantear a los padres.
Preguntas abiertas que inviten a la reflexión: "¿Cómo le veis en casa?", "¿Qué le preocupa últimamente?", "¿En qué creéis que ha madurado más este curso?".
Y, muy importante, no olvidemos los temas a conversar con los hijos. Ellos deben ser protagonistas de su propio crecimiento, no meros espectadores de nuestras reuniones.
4. Manos a la obra: Objetivos y Planes de Acción
La coherencia exige que las palabras se conviertan en hechos. No podemos cerrar una entrevista sin definir posibles objetivos de planes de acción.
Estos objetivos deben ser:
* Pocos: Mejor uno cumplido que cinco olvidados.
* Concretos: Que el alumno sepa exactamente qué se espera de él.
* Positivos: Enfocados a ganar una virtud, no solo a evitar un error.
Conclusión: Educar desde la esperanza
Queridos compañeros y familias, educar es un acto de esperanza. Cuando preparamos una entrevista siguiendo una estructura clara —mirando la edad, valorando lo bueno, y trazando un plan—, estamos diciéndole a ese alumno: "Me importas, te conozco y creo en ti".
Sigamos trabajando con ese lenguaje amable y esa mirada atenta que tanta falta hace hoy en día.
Referencias:
* Guía de trabajo: "Características de cada edad y temas para entrevistas".
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